ni de acullá
ni de aquí, ni de allá, ni de acullá...
martes, 31 de julio de 2012
viernes, 13 de agosto de 2010
Migrantes en Barcelona: Salud sexual y salud reproductiva entre los derechos y experiencias migratorias de mujeres ecuatorianas y bolivianas
El hecho de que España cuente ya con alrededor de un 10% de población extranjera
viviendo en su país, muchos/as de ellos/as hace varios años y sin planes claros de “retorno”, implica una imperativa necesidad de asumir a la población migrante como miembros de la realidad local española y europea, así como de cada ciudad en cada uno de estos países. Muchos de los problemas que ahora señalan con la población inmigrante, entre ellos varios relacionados con la salud sexual y salud reproductiva de las mujeres, tienen que ver con haber encarado una “integración” reducida al carácter económico que significa la presencia de esta población, a su condición como elementos trabajadores y no como personas que, además de trabajar, llevan toda una vida envuelta de complejidades como la de cualquier ser humano, incluso más, por su particular condición de migrantes, la que se enfatiza, precisamente, por la difusa “inclusión” que promueven los países a los que llegan. Una integración que no plantea un diálogo mutuo, que no plantea crecer juntos en la diferencia, sino que plantea, sobre todo, que quienes vienen de afuera conozcan a quienes son de aquí, los/as que están adentro, y aprendan a vivir como ellos/as (para servirles mejor). La integración propuesta no contempla las posibilidades de desarrollo personal de las personas extranjeras que allí viven, como es el caso de las mujeres latinas, confinadas casi todas al trabajo doméstico, ámbito en el que se violan casi todos los
derechos básicos de los/as trabajadores/as (Moreno-Fontes Chammartin, 2004). En lugar de impulsar políticas para que estas mujeres y otras personas puedan diversificar sus posibilidades de empleo y aportar con sus conocimientos y habilidades, abundan los cursos para enseñarles a limpiar de acuerdo a los caprichos de las mujeres españolas, a cuidar personas ancianas o bebés. Abundan también las trabas administrativas con las que se encuentran aquellas mujeres con títulos universitarios, que entre las latinas son muchas, para que puedan convalidarlos y homologarlos. El hecho de trasladarse de país, más aún de continente, hacia un contexto socio-cultural diferente y, sobre todo, desconocido, provoca transformaciones que trastocan imaginarios y patrones en cuanto al lugar que piensan que ocupan en el mundo como personas y como mujeres. Cambios estrechamente vinculados con la construcción social de la sexualidad en las distintas etapas del ciclo vital. Etapas que, en el proceso migratorio, amplían (o restringen) su espectro de posibilidades con respecto a generaciones anteriores, así como de imaginarios presentes. La trayectoria migratoria se convierte en una experiencia con potencial transformador tanto en la construcción de la sexualidad, las concepciones sobre el cuerpo y las relaciones de género. Sin embargo, esta potencialidad no siempre es visible, consciente, ni manifestada.
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viviendo en su país, muchos/as de ellos/as hace varios años y sin planes claros de “retorno”, implica una imperativa necesidad de asumir a la población migrante como miembros de la realidad local española y europea, así como de cada ciudad en cada uno de estos países. Muchos de los problemas que ahora señalan con la población inmigrante, entre ellos varios relacionados con la salud sexual y salud reproductiva de las mujeres, tienen que ver con haber encarado una “integración” reducida al carácter económico que significa la presencia de esta población, a su condición como elementos trabajadores y no como personas que, además de trabajar, llevan toda una vida envuelta de complejidades como la de cualquier ser humano, incluso más, por su particular condición de migrantes, la que se enfatiza, precisamente, por la difusa “inclusión” que promueven los países a los que llegan. Una integración que no plantea un diálogo mutuo, que no plantea crecer juntos en la diferencia, sino que plantea, sobre todo, que quienes vienen de afuera conozcan a quienes son de aquí, los/as que están adentro, y aprendan a vivir como ellos/as (para servirles mejor). La integración propuesta no contempla las posibilidades de desarrollo personal de las personas extranjeras que allí viven, como es el caso de las mujeres latinas, confinadas casi todas al trabajo doméstico, ámbito en el que se violan casi todos los
derechos básicos de los/as trabajadores/as (Moreno-Fontes Chammartin, 2004). En lugar de impulsar políticas para que estas mujeres y otras personas puedan diversificar sus posibilidades de empleo y aportar con sus conocimientos y habilidades, abundan los cursos para enseñarles a limpiar de acuerdo a los caprichos de las mujeres españolas, a cuidar personas ancianas o bebés. Abundan también las trabas administrativas con las que se encuentran aquellas mujeres con títulos universitarios, que entre las latinas son muchas, para que puedan convalidarlos y homologarlos. El hecho de trasladarse de país, más aún de continente, hacia un contexto socio-cultural diferente y, sobre todo, desconocido, provoca transformaciones que trastocan imaginarios y patrones en cuanto al lugar que piensan que ocupan en el mundo como personas y como mujeres. Cambios estrechamente vinculados con la construcción social de la sexualidad en las distintas etapas del ciclo vital. Etapas que, en el proceso migratorio, amplían (o restringen) su espectro de posibilidades con respecto a generaciones anteriores, así como de imaginarios presentes. La trayectoria migratoria se convierte en una experiencia con potencial transformador tanto en la construcción de la sexualidad, las concepciones sobre el cuerpo y las relaciones de género. Sin embargo, esta potencialidad no siempre es visible, consciente, ni manifestada.
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Etiquetas:
Migración,
Salud Sexual y Salud Reproductiva
jueves, 10 de junio de 2010
jueves, 13 de agosto de 2009
Relaciones de género en la distancia: ¿Reestructuración o reafirmación?
Un análisis sobre ‘remesas masculinas’ y ‘remesas femeninas’
Paula Castello Starkoff
A finales de la década del 90, Ecuador enfrentó una de sus peores (si no la peor) crisis política y económica desde su regreso a la democracia en el año 1979.
Este contexto influyó en la intensificación de los flujos migratorios hacia el exterior. No sólo se consolidaron las cadenas y redes migratorias hacia Estados Unidos, que venían construyéndose desde la década de los ‘50, sino que se multiplicaron considerablemente los y las viajeras hacia nuevas rutas europeas, principalmente a España e Italia. Este cambio en el destino “preferido”, la explosión de una salida masiva de compatriotas , y el proceso de feminización de la migración, son los rasgos principales que dan lugar a la llamada ‘nueva ola migratoria’ en el Ecuador.
Publicado en Memorias del II Congreso de Antropología y Arqueología Ecuatoriana, Abya-Yala, Quito - Ecuador, 2007.
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Paula Castello Starkoff
A finales de la década del 90, Ecuador enfrentó una de sus peores (si no la peor) crisis política y económica desde su regreso a la democracia en el año 1979.
Este contexto influyó en la intensificación de los flujos migratorios hacia el exterior. No sólo se consolidaron las cadenas y redes migratorias hacia Estados Unidos, que venían construyéndose desde la década de los ‘50, sino que se multiplicaron considerablemente los y las viajeras hacia nuevas rutas europeas, principalmente a España e Italia. Este cambio en el destino “preferido”, la explosión de una salida masiva de compatriotas , y el proceso de feminización de la migración, son los rasgos principales que dan lugar a la llamada ‘nueva ola migratoria’ en el Ecuador.
Publicado en Memorias del II Congreso de Antropología y Arqueología Ecuatoriana, Abya-Yala, Quito - Ecuador, 2007.
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El trabajo de casa fuera de casa
Mujeres ecuatorianas en España y Alemania
Paula Castello Starkoff
Quito, 2008
En las últimas décadas, las mujeres han visto incrementada las posibilidades de ingresar al mercado laboral, sin embargo, este proceso no ha significado, necesariamente, mayor acceso al cumplimiento de proyectos personales y al desarrollo de capacidades y profesionalización para acceder a plazas de trabajo que escapan de las tradicionalmente destinadas para mujeres: servicios y cuidado (Todaro y Guzman, 1995; Benería, 2002). Paralelamente, los Estados latinoamericanos se han desvinculado progresivamente de las políticas de reproducción social y, por ello, las mujeres han visto incrementada su responsabilidad en esta tarea que, por la división sexual del trabajo y las relaciones de género imperantes en nuestras geografías, ha sido siempre un “deber” de las mujeres cumplir (Hartmann, 2000; Jelin, 1994).
Este proceso, sumado a las graves crisis económicas que ha sufrido Latinoamérica en las últimas dos décadas, ha generado una presión por la inclusión de las mujeres al mercado laboral, quienes ocupan, generalmente, las plazas de trabajo informal, en tanto que el trabajo destinado para las mujeres aun no ha sido plenamente regularizado en la mayoría de los países de la región como sucede, por ejemplo, con el trabajo doméstico, aquel que ocupa a la mayoría de las mujeres en Latinoamérica y el Caribe (Montaño y Rico, 2007). Adicionalmente, las últimas décadas en Latinoamérica se han caracterizado, entre otras cosas, por la feminización de la fuerza de trabajo (Benería, 1995, en Paiva Abreu, 1995). Los bajos sueldos, la dificultad para conciliar la vida familiar con el trabajo remunerado fuera de casa y la notoria precariedad del trabajo informal ha empujado a la búsqueda de nuevas estrategias que permita a las mujeres lograr con la supervivencia del hogar y la familia que, cada vez más, recae sobre ellas, ya sea por ser mujeres cabezas de hogar o porque los ingresos del marido no son suficientes, entre otras razones (Montaño y Rico, 2007).
Paula Castello Starkoff
Quito, 2008
En las últimas décadas, las mujeres han visto incrementada las posibilidades de ingresar al mercado laboral, sin embargo, este proceso no ha significado, necesariamente, mayor acceso al cumplimiento de proyectos personales y al desarrollo de capacidades y profesionalización para acceder a plazas de trabajo que escapan de las tradicionalmente destinadas para mujeres: servicios y cuidado (Todaro y Guzman, 1995; Benería, 2002). Paralelamente, los Estados latinoamericanos se han desvinculado progresivamente de las políticas de reproducción social y, por ello, las mujeres han visto incrementada su responsabilidad en esta tarea que, por la división sexual del trabajo y las relaciones de género imperantes en nuestras geografías, ha sido siempre un “deber” de las mujeres cumplir (Hartmann, 2000; Jelin, 1994).
Este proceso, sumado a las graves crisis económicas que ha sufrido Latinoamérica en las últimas dos décadas, ha generado una presión por la inclusión de las mujeres al mercado laboral, quienes ocupan, generalmente, las plazas de trabajo informal, en tanto que el trabajo destinado para las mujeres aun no ha sido plenamente regularizado en la mayoría de los países de la región como sucede, por ejemplo, con el trabajo doméstico, aquel que ocupa a la mayoría de las mujeres en Latinoamérica y el Caribe (Montaño y Rico, 2007). Adicionalmente, las últimas décadas en Latinoamérica se han caracterizado, entre otras cosas, por la feminización de la fuerza de trabajo (Benería, 1995, en Paiva Abreu, 1995). Los bajos sueldos, la dificultad para conciliar la vida familiar con el trabajo remunerado fuera de casa y la notoria precariedad del trabajo informal ha empujado a la búsqueda de nuevas estrategias que permita a las mujeres lograr con la supervivencia del hogar y la familia que, cada vez más, recae sobre ellas, ya sea por ser mujeres cabezas de hogar o porque los ingresos del marido no son suficientes, entre otras razones (Montaño y Rico, 2007).
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Migración,
Mujeres,
Trabajo doméstico
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